"Don Luis Ávila, profesor primario, me hizo clases en la escuela número uno, Honorio Ojeda Valdera. Era característico, y yo diría que hasta obligatorio. Todos los días lunes, Don Luis nos hacía cantar unas lindas y hermosas tonadas. Su repertorio a veces era un tanto reiterativo, porque nunca me olvidaré que cada mañana con su guitarra nos invitaba a cantar. ¡Qué bonita que cantaba la palomita en su nido! Y si distinguía que uno en la fila no estaba cantando, cachuchazo le llegaba por no hacerlo. Sin embargo, el arte de la música es una maravilla."
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